Un estudio de 2024 desmonta el mito más repetido sobre la momia de los Alpes (y curiosamente, la fuente de ese mito era la web oficial del museo que la custodia).
Hace unos días respondimos a un post sobre tatuaje prehispánico y la conversación derivó, como suele pasar, hacia los tatuajes de Ötzi. Alguien nos corrigió con razón sobre la momia peruana citada en el post original (esa imagen es en gran parte generación por IA), y de ahí saltamos a un tema que nos interesa mucho más de cerca: cómo se hicieron realmente los tatuajes de Ötzi hace 5300 años.
La respuesta corta que dimos en el hilo era básicamente correcta, pero merece más precisión de la que cabe en un comentario de Instagram. Aquí está el desarrollo completo, con las fuentes.

El mito de los tatuajes de Ötzi por incisión, y de dónde sale
Durante años, prácticamente toda la divulgación popular sobre Ötzi repite lo mismo: sus marcas se hicieron cortando la piel con una herramienta afilada y frotando después carbón pulverizado en la herida abierta. Esta versión aparece en National Geographic, Vice, Daily Mail, y decenas de medios más.
El dato curioso es de dónde sale esa afirmación. Rastreando las citas hacia atrás, un equipo de investigadores (Aaron Deter-Wolf, Benoît Robitaille, Danny Riday, Aurélien Burlot y Maya Sialuk Jacobsen) encontró que la fuente original es la propia página web del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, que describe las marcas como «incisiones finas» (sin citar ningún estudio directo que lo confirme). La base de datos científica del mismo museo, por cierto.
Los estudios académicos publicados nunca fueron tan tajantes. Desde el hallazgo de la momia en 1991, distintos equipos han propuesto de todo: cauterización, ramas ardiendo con hierbas, incisión con bisturí de sílex, punción con punzón de hueso… sin que ninguna hipótesis se zanjara con evidencia física concluyente.
El experimento que reescribe la historia de los tatuajes de Ötzi
El giro llega con un estudio publicado en 2024 en la revista European Journal of Archaeology, que combina dos líneas de trabajo:
1. Distribución geográfica e histórica de técnicas de tatuaje. Cruzando datos etnográficos globales, el equipo descarta directamente la técnica de percusión con herramienta enastada perpendicular (lo que hoy se conoce como hand tapping), porque esa técnica está históricamente confinada a Oceanía, el sudeste asiático insular y zonas del Himalaya adyacente (no hay ningún rastro de ella en Europa central antes de la globalización tatuadora del siglo XX). También descartan la técnica subdérmica (aguja pasando bajo la piel con hilo entintado), porque las evidencias históricas más cercanas geográfica y cronológicamente están a más de 5000 km y 5000 años de distancia de los Alpes.
2. Tatuaje experimental sobre piel viva. Aquí está lo interesante para cualquiera que trabaje con manual: el tatuador profesional Danny Riday se tatuó a sí mismo los mismos patrones geométricos de Ötzi usando distintas herramientas (lasca de obsidiana por punción, lasca de obsidiana por incisión, punzón de hueso, punzón de cobre y aguja de hueso enhebrada (técnica subdérmica)). Documentaron la cicatrización de cada una durante seis meses con microscopio digital.
Los resultados, comparados con criterios forenses estándar de heridas por arma blanca, son claros: una incisión (corte paralelo o en ángulo agudo a la piel) produce líneas con bordes limpios y afilamiento en los extremos, por la contracción diferencial del tejido al curar. Una punción (herramienta perpendicular a la piel) produce líneas de bordes irregulares, con cierta dispersión del pigmento y extremos redondeados de anchura uniforme.
Las marcas de Ötzi de 1 a 3 mm de ancho, extremos redondeados, bordes irregulares, sin el afilamiento característico de una incisión, no coinciden con el patrón de corte. Coinciden con el de punción de un solo punto, tanto con punzón de hueso como con punzón de cobre.
La herramienta más probable
Ötzi llevaba en su equipaje un punzón de hueso afilado. No hay evidencia de desgaste o residuos en ese objeto concreto que confirme su uso como herramienta de tatuar (nadie lo ha analizado todavía con ese fin), pero encaja tanto en tipología como en cronología: los punzones de hueso y cobre eran objetos comunes en el instrumental del Calcolítico alpino.
Dicho en los términos que se usan en el estudio: punción manual de un solo punto (lo que hoy llamaríamos handpoke o stick-and-poke). La misma familia de técnica, salvando cinco milenios, que seguimos usando hoy.
También descartan la lítica de sílex u obsidiana como herramienta de punción: el filo irregular de una lasca produce heridas con bordes muy dispares según el ángulo de entrada, algo que no aparece en las marcas de Ötzi. Además, no hay obsidiana documentada en yacimientos alpinos.

¿Y la función terapéutica?
Otro mito que conviene matizar: la idea de que los tatuajes de Ötzi eran exclusivamente medicinales, colocados sobre puntos de acupuntura para tratar dolores. De los diecinueve grupos de tatuajes documentados, solo nueve coinciden con puntos de acupuntura tradicionales, y solo siete se sitúan sobre zonas con lesiones o dolencias diagnosticadas en su cuerpo (artrosis, cálculos biliares, fracturas costales, entre otras). La mayoría de las marcas no se corresponden con ninguna patología conocida, y algunas patologías conocidas no tienen marca asociada.
Esto no descarta una función terapéutica parcial, pero sí descarta que sea la única explicación. Los autores insisten en un punto que compartimos: la simplicidad geométrica de un diseño no implica ausencia de significado simbólico. Asumir que unas líneas sin figuras «no comunican nada» es un sesgo de lectura moderna, no un hecho antropológico.
Por qué nos importa
No es solo curiosidad histórica. La honestidad en la fuente importa: un dato repetido sin verificar durante treinta años acaba convirtiéndose en verdad asumida, incluso citado por la institución que debería ser la referencia. Y a nivel de oficio, confirma algo que ya intuíamos por experiencia propia: la punción manual de un solo punto no es una técnica «primitiva» superada por la máquina: es la técnica más extendida y más estable en el registro humano, documentada en todos los continentes salvo Oceanía tradicional (donde domina el hand tapping) y prácticamente ausente como incisión, que siempre fue la excepción minoritaria.
Fuente: Deter-Wolf, A., Robitaille, B., Riday, D., Burlot, A. & Jacobsen, M.S. (2024). Chalcolithic Tattooing: Historical and Experimental Evaluation of the Tyrolean Iceman’s Body Markings. European Journal of Archaeology, 27(3), 267–288.